jueves, 12 de enero de 2017

Año del ¡kikiriki!

Los malabaristas y bailadores de breakdance en los semáforos, los payasitos del jardín, los músicos de la calle Madero, los viejitos del kiosco en el Jardín Libertad bailando danzón a ritmo de nuestra eléctrica y urbanizada banda municipal, los hombres mayores asoleándose en las bancas, así como esos graffiteros que inundan con su arte las viejas paredes de la ciudad, son algo que se disfruta cuando uno despabila el cerebro al caminar por la Ciudad de las Palmeras.

Es el umbral del año 2017, respirando y agradecido por continuar viviendo a pesar de contar con una mala salud de hierro. ¡Sobreviví al maratón Guadalupe Reyes! Ya el siete de este mes para evitar remordimientos por tanta harina que tragué he retrasado 8 kilos la terrible báscula, lo cual me prepara para el colofón de este maratón el próximo 2 de febrero con la tamaliza groove. El primer mes del año, la única que adelgaza sin estar a dieta, es la cartera, pues la pobre sufre las consecuencias del metabolismo acelerado del desembolso económico de los pagos que se hacen por el predial y el agua. Adiós tiendas departamentales, bienvenida ropa de paca – ¡ya se la saben si me ven estrenando!

A estas alturas del Siglo XXI, tengo bien clarito que las relaciones entre humanos ya no son reales, pues una conversación se reduce al simple mensaje de texto, las discusiones son llamadas por teléfono donde los interlocutores gritan y manotean como si estuvieran frente a frente, mientras que los sentimientos… pos… son unos emoticones.

Según los chinos –náquever con aquellos que tienen rizada su cabellera–, en este 2017, iniciará a partir del 28 de enero el año del Gallo, plumífero que se caracteriza por su canto muy de madrugada y que los orientales perciben como el despertar, donde la honestidad aunado a la justicia deberán prevalecer sobre un ambiente desconcertante, rígido o ríspido como el que estamos viviendo, ¿será por ello que hasta nuestro volcán se ha despertado eructándonos infinidad de veces?

Ámonos pues preparándonos a echarle mucha talacha y paciencia a la chamba si queremos lograr alcanzar esa enorme lista de propósitos que nos planteamos durante la noche vieja cuando nos atragantábamos las doce uvas, sin olvidar que nuestra vida se desarrollará a través de un trayecto de 365 días, donde lo apasionante serán los paisajes y las personas que nos encontremos en la carretera. A quienes me leen y también a los que no, les deseo de corazón e hígado un feliz e irrepetible 2017.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Bajo los efectos del opio

Amanezco tempranito en la comodidad de mi jacal gracias a la tiznada tos que llega puntual a despertarme en lugar del ojete tono de la alarma del reloj; debido al cambio brusco de temperatura durante las primeras horas de la mañana mi voz tiene arrugas, entonces cuando alguien me escucha, se sorprende de lo tétrico que hablo. Estamos a 15 de diciembre, aún no concluye el año, mientras Facebook ya hizo en mi muro un vídeo que resume algunas de las actividades realizadas en esa red social – ¡ajum, qué aburrido! Pero tal vez para quienes me conozcan y no saben quién soy, le den like con tal de inflar ese pinche ego que tengo y continuar viviendo en la jodida ilusión de que lo ahí realizado es lo correcto.

Ya lo dijo el cantautor Andrés Calamaro, parafraseando una cita de Karl Marx, “el opio del pueblo es la telefonía celular y el internet”, pues eso de convertir en celebridades a una señora de Texas por el simple hecho de colocarse una máscara de Chewbacca, elevar a la gloria a un vendedor de empanadas y a una quinceañera potosina, que gracias a la invitación de su apá, puso en el mapa nacional a la comunidad donde radican, pos más de un millón de mexicanos se han anotado a acompañarla en la celebración que se desarrollará en unos cuantos días, ¿a poco? ¡Si los mejinacos ni semos gorrones! Ahora ya es sabido que además de los quince minutos de fama que brinda el tutuba… ¡Ah! Perdón es YouTube, ahora hasta hay quien patrocine ese tipo de mamarrachadas con una buena feria.

También en este 2016 que está por llegar a su fecha de caducidad, nos vimos enfrascados en el chanchullo de la realeza, o sea, la proliferación de lores y ladies, quienes además de exhibir sus patéticas vidas en la web, hubo algunos nada tarugos que aprovechándose de ello obtuvieron un buen de centavitos, para muestra ahí están Lady100Pesos y la poli en topless. Personajes que resultaron atractivos gracias a la mixtura de sentimientos amor-odio que nos inspiraban, pues a pesar de la indignación causada por sus actos, continuábamos como lelos queriendo saber más de lo que les iba a pasar, ¡pinche morbo! Tal parece que entre más alcance tenga la llamada era digital, el criterio racional se reduce, es decir, la ciencia evoluciona y el humano da un salto pa´ tras darwiniano.

En lo que respecta al celular, algunos continuamos bajo la hipnosis del wasap; hay también quienes invertimos parte de nuestro tiempo en realizar videos a los que llaman Mannequin Challenge, donde todos se quedan quietecitos, algo así como jugar a las Estatuas de Marfil, y por su parte el Pokémon Go, es una aplicación donde buscamos animales ficticios, mientras abandonamos a su pinche suerte a los reales.

A pesar de continuar bajo los efectos del actual opio, así como mirar con tristeza como más adictos surgen, la luz al final del túnel es la esperanza que para este 2017, en el próximo ciclo escolar quienes elaboran los Libros de Texto Gratuito, incluyan en los cuadernos de lecturas, fragmentos de canciones de Bob Dylan, ahora que ya es Nobel de Literatura, para que los estudiantes sepan que la respuesta está en el viento. Ya para finalizar, sólo les pido un favor, que en la noche vieja, o sea, el 31 de este mes, en lugar de sacar la fusca a tirar balazos, disparen la pistola de serpentinas que cuetea e ilumina, ese tipo de bulla es menos peligroso e incómodo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Diciembre, entre la gula y lo etílico

Las fiestas Lupe Reyes ya iniciaron, por las calles se observan a los globalizados "inditos" con sus sandalias Nike o Spalding, camisas de manta Pierre Cardin, mientras las hermosas damitas no cesan de convertir nuestra alumbrada calle Madero en una pasarela, donde modelan sus huipiles bordados con la virgencita del Tepeyac y rebozos multicolores, además, las casas lucen ya sus arreglos navideños que combinan la tradición sajona y española.

Llevamos siete días de este mes y el tránsito decembrino ya está aquí, el concierto de cláxones, las refrescadas de madres sin ser diez de mayo que entre los chóferes es el lenguaje común con el que se saludan, la proliferación de vendedores ambulantes quienes ofertan mandarinas, jícamas y golosinas en cada semáforo al mejor postor es constante; los supermercados y tiendas departamentales ya nos lo habían vaticinado desde finales de septiembre cuando inundaron de artículos alusivos a este período.

En las oficinas, los Godínez (o ¿serán gordínez?) alistan sus estómagos para evitar que su cinturón desaparezca entre todo ese músculo en reposo que se cargan al frente de todo lo que refinarán de comida –digo, hay quienes dobletean posada en un día–, así como suavizan sus gargantas, es tiempo de rendir culto al Dios Baco, libando alcohol durante los casi veintiséis días de maratón etílico que las fiestas entre diciembre, enero y febrero – ¿qué no es el 2 de febrero el epilogo de tales pachangas? – les brindan. Pese a que el pretexto es fomentar los buenos deseos, el amor y la paz entre ellos, el intercambio de obsequios siempre es factor de rencilla, pues la envidia por lo invertido en el regalo que se otorgó, casi siempre es inversamente proporcional a lo que se recibió.

De ser posible, ahora sí, hazle caso a los propósitos de año nuevo, por favor toma en serio ese juramento de empezar una dieta balanceada, si vas a pagar la primera mensualidad en el gym, asiste a realizar las rutinas del instructor en lugar de charlar con la escultural administradora, recuerda, ella es el gancho para que sigas pagándoles o de perdis únete al grupo de zumba del barrio, no nada más asistas por ver a las gordibuenas señoras en mallitas, inicia una desintoxicación lo más serio posible, recuerda que únicamente tienes doce uvas que embutirás en la noche vieja y propósitos para sobrevivir en el 2017 sobran.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Si se calla el cantor

El fin de semana pasado los locatarios del mercado tenían rostros empañados por la tristeza, la señora del pollo al rebanar con su filoso cuchillo la pierna del ave para separarle el muslito, suspiraba con un halo de melancolía y no precisamente por el resentimiento que le inspiraba efectuar tal acción, algo parecido le sucedía a la panadera, pues cuando del canasto de pan seleccionaba las conchas, cuernitos y salados, comentaba a la clientela que hoy se percibía cierta pesadumbre, pues esa mañana ya no se encontraba con ellos aquel hombre delgado de gafas quien con su peculiar guitarra hilvanaba a través de su música la nostalgia de una vieja canción al recuerdo de quienes en algún momento de su vida estrecharon vínculos sentimentales a partir de la letra que él entonaba.

Su lugar favorito junto a la juguería yacía vacío, pues alguien sintiéndose un dios cruel y despiadado tomó la estúpida iniciativa de quitarle la vida; se desconocen los motivos de este indeseable individuo que como Mark David Chapman y Yolanda Saldívar pasó a formar parte de la lista de personas non gratas. ¡Se ha callado el cantor! Pensábamos los allí presentes, entonces, como sentencia Horacio Guaraní en las letras de la hermosa canción que da nombre a este texto, debe callarse la vida, porque la vida en sí es todo un canto. ¿Quién levantará los ánimos de las marchantitas? Pues se han quedado sin voz y acompañamiento de guitarra la “Perfidia” y el “Frenesí” de Alberto Domínguez. Los que convivieron con el cantor del mercado, experimentan consternación por su pérdida, incluso más fuerte de la que sintieron por la muerte del Divo de Juárez, ya que con él compartían además de las canciones, el calor humano de su grata camaradería.

Nunca escuché que pidiera monedas a cambio de brindarnos una añoranza de esas que nos cantaba y que alimentaba el corazón de sueños y de esperanzas por continuar en este mundo, es más, yo jamás le deposité en su jícara ningún sueltito de los que me sobraban – ¡pinche codo! –, a pesar de que en cierta ocasión con la canción del “Gran Tomás”, hizo que llegará a la conclusión de que tal rolita era toda una alegoría al “bullying”; también lo extrañará el pícaro carnicero, quien mientras fileteaba al son de “Aventurera”, le hacía dúo parodiándola con su aguardentosa voz de la siguiente forma: “vende caro tu amor, menudera, da el precio del dolor a tu pasado a aquel que de tus labios la miel quiera”.

Tampoco fui su amigo, digo, para ser considerado así, es necesario cumplir con ciertas características peculiares, pero donde sea que le encontraba, ya fuera en el camión o en el jardín de San José, saludaba con su típica sonrisa, diciendo “¡qué tal amigo!”, ahora sé que allá en el otro mundo Agustín Lara y tú, continuarán afirmando como yo aquí en la tierra que las mujeres seguirán siendo divinas, mientras José Alfredo les recuerda que la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Mi vieja mula ya no es lo que era…

Conforme pasan los años, voy perdiendo el interés de celebrar mi cumpleaños, la verdad no es gracioso y peor aún que tus compañeros de oficina te lo refresquen con el pinche calendario de cumpleaños, ¡grrrrr! Lo malo es que no falta el incrédulo que a pesar de que lo está leyendo, sale con la mamarrachada: “¡neta wee! ¿Es tu cumpleaños el ___*?” ¡Ay no manches! El meritito día las redes sociales hacen su argüendazo y tómala, sobresaturación de felicitaciones, algunas sinceras, otras por cortesía y obviamente también quien escribió un “felicidades” y aplicó la del copy paste a todos sus demás contactos que ese día coincidieron en la fecha de mi aniversario.

En lugar de estar al pendiente de saber quiénes compartirán conmigo la alegría de que ocupé un lugar en este mundo, prefiero mirar por el espejo retrovisor de mi vida, para tener la amplia visión de la carretera por delante, reconozco que existen momentos en que se está de moda y otros que se está menos, por más que evito no dejar llevarme por las vanidades de las épocas, en más de alguna he sido arrastrado, pero consciente estoy de que el ombligo del mundo nunca he sido; a pesar de no tener una vida exitosa, ya que se empeña el fracaso por estar siempre conmigo, he sido perseverante, procuro ponerme las gafas color optimismo y burlarme de los días oscuros, embarrando ungüento de paciencia sobre la piel curtida por los golpes que me he llevado cada vez que subo al ladrillo y del vértigo caigo al suelo nuevamente, pero como perro lamo mis heridas y ahí sigo moviendo el rabo.

Con los años encima he llegado a la conclusión de que la modernidad no va con mi persona, ya que continúo coleccionando discos mientras muchos sólo se conforman con la canción de moda de su tracklist, prefiero platicar con las personas que escribir una “charla” en el WhatsApp –neta que lo mío no es eso dizque de hablar con 80 personas a la vez, pues cuando todos andan de prisa, prefiero algo de tiempo y serenidad, ¡pa´qué ir tan rápido, chintolo! ¿No se dan cuenta qué tanta rapidez hace que mi cabeza no se defina muy bien? Lo mío, lo mío no es aparentar ser autómata, de esos que en el fondo ni se comunican, evidenciando una enorme sensación de soledad y ansiedad.

Nunca he buscado pretextos para evadir mi rutina kafkiana de ir y venir al empleo con el pretexto de escaparme a un lugar paradisíaco del que después me arrepienta o desmotive por el regreso, la vida es un suspiro que se debe disfrutar un ratito, pues cada día que pasa es dar un paso a la sepultura, entonces, si ya probé con el yoga, los cosméticos, la medicina alternativa y el majá mantra, conforme pasan los años sigo poniéndome viejo, eso que ni que, cada mañana me lo escupe el espejo, bienvenidas sean la viagra y el tafil, pues un nuevo gladiador se subirá al ring para combatir a dos de tres caídas sin límite de tiempo contra la osteoporosis y la diabetes.

*Coloca sobre la línea la fecha que más te plazca, digo, no es vital que lo sepas.

jueves, 17 de noviembre de 2016

#todos semos trumpudos

Caminando por los pasillos de nuestra efervescente institución, encuentro a un antiguo compañero de oficina y a quien aprecio mucho por haber compartido buena parte de su vida con todos aquellos que juimos sus colegas laborales, entre la algarabía del abrazo comenta extrañado que en el artículo del jueves pasado no hubiera escrito sobre el nefasto triunfo del magnate norteamericano Donald Trump como presidente de ese país.

Siendo honesto, así a calzón quitado, dejando de lado falsedades tipo caderas de la Kardashian, la verdad no encontraba nada inspirador hablar de ese individuo hábil experto en denostar, al que Arjona le vitorea en una de sus canciones y, quien además realizó en 1992 un cameo en la película Home Alone 2: Lost in New York, cuando Kevin (Macaulay Culkin), le pregunta por el lobby del Hotel Plaza, edificio que en ese entonces era de su propiedad.

Por otro lado, el tipo gana en los United States, lugar que afortunadamente no es mi país, razón por la cual ni votar pude, a diferencia del favorable voto de más de algún latino nacionalizado norteamericano que ahora se siente gringo a pesar de tener el nopal en la frente, nariz de chile relleno, quien cambió su idioma original por un pésimo inglés, y pretende olvidar el olor de los tamales gracias al vapor de las hamburguesas a la plancha.

¡Guácala! Ya estoy siendo afectado por la actitud xenófoba que tanto asombro y asquito causa observar en Trump, lo que significa que no nada más gobierna a los vecinos del norti, también a nuestros sentidos, pues al adoptar conductas misóginas, embusteras, racistas, libidinosas, denigrativas, ultrajantes, etc., etc. y más etc., estamos siendo influenciados por él, creo que lo más saludable es borrar de nuestra persona todas esas actitudes y exorcizar al Donald que llevamos dentro –¡claro, que por supuesto que náquever, con el pato blanco de pico y patas anaranjadas creado por Disney!

Es momento de dejar boberías, como la ridiculez de quemar sus tenis fabricados por la empresa de accesorios deportivos con sede en Boston o la idiotez de no comprar los abarrotes para la despensa en las cadenas de tiendas multinacionales de origen estadounidense, que opera supermercados de descuento y clubes de almacenes, pues, si en más de alguna ocasión ha evidenciado comportamientos como los de este señor, tenga la plena seguridad de que ha sido Trump ante nuestros semejantes en algún momento de la vida sin siquiera residir en el gabacho.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Pantomima

Caminando por el Jardín Libertad, sitio que durante la edad juvenil de mis abuelitos se le conocía como la Plaza de Armas, siguiendo a mi nariz gracias al efluvio ocasionado por el sutil vaporcito que emana la cubeta con los tamales recién cocidos que se ofertan en el atrio, veo al oriente erguidos como atlantes observando el ir y venir de nosotros a la catedral y el palacio de gobierno, ambas edificaciones ocupan ese mismo lugar desde que eran parroquia y casa real, mientras en una de las fuentes del citado jardín, gustoso agita las alas el ganso metálico o ¿será pato? Un mimo supuestamente saca agua de la imaginaria cubeta para darse su chaineada, es decir, se peina y faja, mientras intenta ligar a las changuitas que con su patoso caminar le alborotan la hormona.

Ese tipo lánguido de rostro blanco, lágrimas y labios oscuros, camiseta a rayas, pantalón holgado negro y zapatos de clown, no es el único que realiza pantomima, los que nos vanagloriamos de nuestras supuestas hazañas también somos mimos, pues en el absurdo deseo de impresionar o apantallar a los que nos rodean en lugar de lucirnos nos oscurecemos.

Salimos a la calle con la cara pintada de orgullo gracias a la coba que nosotros mismos nos damos, fingiendo ser alguien importante, exitoso, triunfador y de lo bien que vivimos, no percibimos lo mal que estamos con nuestro infinito tesón de aparentar lo que no somos, pasando a veces por encima de los demás, pisoteando incluso a quienes apreciamos y hasta nuestra propia persona, gracias a la pantomima del ego, quien termina haciendo un gracioso pero ridículo acto en la comedia de la vida.

Hoy como todos los jueves, mis oídos disfrutan del exquisito sonido de la Banda de Música del Estado, la cual hace olvidar por unas horas el escandaloso sonido del tráfico, mientras compartimos el gusto de bailar aunque sea con la vista a quienes se deleitan demostrando sus mejores pasos alrededor del quiosco central.

Haciendo la mimesis de un peatón atravieso al norte rumbo al portal Medellín, cuya arquitectura neogótica tropical regresan a la miope memoria el sabor del alfajor y la efigie en barro de los xoloitzcuintles abrazaditos que siendo niño rompí de un pelotazo en casa de mi agüelita y cuya reprimenda no ameritó apoyo psicológico, pues la intensiva terapia de chancletazos se encargó de borrarlo de mi conciencia.