¿Han visto a Charly García, el rey del rock argentino, con esos lentes que no se pone en los ojos como Dios manda, sino que se los mete debajo, como si fueran a tapar las ojeras de una cruda eterna? ¡Santa Cachucha, aquí estoy de nuevo escribiendo textos que a nadie le importan, y se lo voy a soltar sin filtro, que en este periódico no hay censura ni tonterías! Esa imagen icónica sale disparada de “Cinema Verité”, de Serú Girán, uno de los grupos a los que perteneció este genio de la música en 1981, donde dice “Anteojos negros de carey… No ve y yo puedo observar tranquilo”, ¡y no me salgan con que es poesía fina, que es puro desconsuelo, como si el tipo se hubiera bebido la tristeza entera y los cristales se le resbalasen por la cara de tanto llorar!
Imagínense los lentes no por fuera como cualquier ordinario individuo, que protege la mirada del mundo cruel, ¡no! Detrás de los ojos, colgando como bolsas de supermercado llenas de dramas, simbolizando esa vulnerabilidad que te deja desnudo de emociones. Es el aislamiento total, el observador pasivo que mira el dolor propio o ajeno desde un rincón oscuro, con la noche bajando el telón como si Dios dijera “¡Se acabó el show, hipócritas!”. Ojeras profundas, mirada derrotada, el peso de la vida deslizando todo hacia abajo… ¡Es Charly diciéndonos “estoy jodido, pero con estilo”!
Ahora visualiza a la abuela después de ver las noticias, con el Mundo en crisis. Toma sus gafas de leer y las desliza detrás de los ojos, como si el peso de la tristeza las hubiera empujado. Vive sola, tiene 5 días sin recibir ninguna visita, solo el pinche celular que suena una vez al día, para escuchar que le preguntan cómo está e inmediatamente cuelgan. Representa al observador pasivo, aislado en su sillón, viendo el dolor ajeno sin poder hacer nada y menos el de ella, con el telón de la noche bajando lento. ¡Qué imagen, eh, pa’ ponerte a reflexionar con un café!
Piensen en una persona que se divorcia, ¿listos? Llega a casa, se quita los lentes de sol de la cabeza y ¡zas!, se los coloca detrás de los ojos para esconder las lágrimas que no paran. No tapa la mirada, ¡la expone! Está frente al televisor sin encender; prefiere ver la programación de sus recuerdos, como Charly en su caos personal; es el desconsuelo puro. “Mira mis ojeras, Mundo, que me has dado hasta nadar en el fango del orgullo, de recordarme que no aprendí a ser tolerante y aquí estoy, vulnerable como un chamaco perdido en la noche solitaria”.
O el pobre sujeto que odia su chamba, llega al bar a las 3 de la mañana, con los lentes de pasta resbalando detrás de los ojos rojizos e hinchados de insomnio; lleva 3 días saliendo a esa hora con tal de sacar los pendientes; su esposa ha estado molesta, pues han pasado dos fines de semana sin salir. Utiliza lentes oscuros no para evitar ser encandilado, ¡es para ocultar el vacío! Representa ese aislamiento del que observa su propia situación sin poder hacer nada, con la noche cerrándose como una cortina negra sobre sueños rotos; es desconsuelo puro. “Mira mi cartera vacía, mi familia en el olvido, que la vida me ha dado un low cost emocional y aquí estoy, solo con mi noche cerrada”… Deseando que no amanezca nunca. ¡Charly lo hizo, el cabrón!
Al final, amigos, esos lentes detrás de los ojos son el grito mudo de la derrota emocional: no esconden nada, lo muestran todo crudo y sin maquillaje. Charly nos pinta la vulnerabilidad del solitario que ya no ilusiona, solo sobrevive en su propio cinematógrafo vérité de inmundicia. ¡Y si no lo captas, vuelve a leerlo con un mezcal en la mano, que igual se te resbalan tus lentes algo por detrás de los ojos!