La semana pasada escribí sobre esas palabritas domingueras que nos echamos los adultos para quedar como señores de alto nivel intelectual… ¡Pues tómala, que esta vez me ha tocado en suerte ver y oír un término de esos que acuña la raza joven, como el YOLO, que viene del You Only Live Once, o sea, “solo vives una vez”, que se puso de moda allá por 2011, después de que el rapero Drake lo soltara en The Motto… ¡Qué cosas!
El viernes, además de ver vídeos y un montón de memes, me topé con eso de “farmear auras”… ¡Farmear! Que viene del inglés farm —cultivar, como quien dice—. Dicen que su origen es gamer, claro, porque en algunos videojuegos le llaman así a repetir tareas para acumular poder o recursos, atrapar objetos, dinero o experiencia… ¡Como cuando repito el café tres veces con el fin de despertarme en la chamba!
Pero en el habla común y en redes, se usa como “farmear aura” para describir acciones o poses con las que alguien intenta verse seguro, carismático o cool… ¡Vaya, cuento! Y en el multiverso de internet, lo consideran una suma, pero de “puntos de aura” imaginarios, mediante actitudes atractivas, gestos con estilo o momentos imponentes… ¡Algo así como entrar en un lujoso restaurante y pedir un platillo sin mirar los precios del menú! Es cuando un acierto te aumenta el aura, mientras que un tropiezo o papelón te hace perder miles de puntos… ¡Ahí es donde hay un ganador y un perdedor, como en la vida!
Y ahora viene una mixtura —nótese la palabrita dominguera que me acabo de echar— entre el Street Fighter y la Batalla de Pasarela de Zoolander; sí, el genial Ben Stiller ya había inventado algo semejante en el 2001, en donde las y los jóvenes organizan duelos en plazas pa’ demostrar presencia mediante poses, caminatas o bailes… ¡Miren hasta dónde hemos llegado! El público decide al ganador con aplausos y gritos según quién mantenga mejor el estilo… ¡Es como ponerse de carquis y mirarte al espejo, pero con público y que ellos te aprueben los trapos!
Al final, que la juventud farmee aura, haga poses, baile en una plaza o convierta cualquier tropiezo en una batalla de estilo es perfectamente tolerable: cada generación inventa sus propios rituales para pertenecer, divertirse y sentirse protagonista. Antes bastaba con llevar los pantalones rotos, escuchar música a todo volumen o decir “¡qué onda, ca…!”; hoy se acumulan puntos de aura y se libran combates de pasarela. Cambian las palabras, pero la necesidad de destacar sigue siendo la misma.
Lo verdaderamente preocupante no es que los jóvenes lo hagan, sino que un adulto se esfuerce demasiado por demostrar que está “a la vanguardia”. Porque una cosa es entender a las nuevas generaciones y otra muy distinta es querer competir con ellas como si la juventud fuera una membresía que se renueva bailando en TikTok. Ahí ya no estamos ante un adulto actualizado, sino ante un adolescente de 40 años: alguien que no acepta su edad con dignidad, que persigue las modas con la misma desesperación con la que uno persigue el camión cuando ya cerró la puerta. Antes de concluir… aprendemos a dejar que los jóvenes acumulen su aura sin que uno se meta a perder la poca que le queda, escribiendo textos como este que acaban de leer.






