Ayer, 16 de septiembre, me dio por poner en el reproductor el disco 52nd Street de Billy Joel. ¡El genial Billy, que ya tiene más años que la campana de Dolores, sonaba mejor que nunca! Y justo cuando empieza Honesty, me entra la vergüenza, “Qué difícil es ser sincero”… Y yo pensando: “Pues sí, Billy, aquí en México la sinceridad dura lo que un taco al pastor en la mesa”.
Porque claro, estas fechas son de ponerse bien mexicano, aunque sea por quince días. En la primaria nos decían: “El cura Hidalgo repicó las campanas en la noche del 15 de septiembre”. Y uno se lo creía, hasta que llega el iconoclasta profesor de historia en la prepa, con su cara de “yo sé más que Wikipedia”, y suelta: “No, chamacos, el 15 de septiembre lo que se celebraba era el cumpleaños de Porfirio Díaz”. ¡Anda, vete pa’ atrás! O sea, que en la medianoche del pachangón al estilo francés del fête d’anniversaire del presidente, por una casualidad del destino, el grito de independencia coincidía gracias a las manecillas del reloj.
Imagínense la escena, Don Porfirio, presidente de México desde 1876 hasta 1911, echando la casa por la ventana cada 15 de septiembre. Y en plena fiesta, un amigo ricachón les trae a unos campesinos músicos de bodas, fiestas parroquiales y bautizos para cantarle Las Mañanitas. El hombre, encantado, pregunta: “¿Cómo se llaman ustedes?”. Y el otro, con acento provinciano: “Mariaitzi”. Y Porfirio: “Oye, ¡qué bien tocan tus mariachis!”. ¡Y zas!, bautizo oficial.
Luego ya vino el cine a ponerles sombrero de charro y mostacho tipo brocha, con Jorge Negrete cantando como si se hubiera empinado una botella de tequila entera, y la China Poblana de su amada Gloria Marín al lado para completar el cuadro. Mientras tanto, Billy Joel seguía cantando: “But if you look for truthfulness, you might just as well be blind; it always seems to be so hard to give” y yo pensando, Billy, vente acá en septiembre y verás lo que es la verdad a medias.





