jueves, 18 de junio de 2026

Consecuencialismo en la barbería de la vida.



Cuentan las y los historiadores que, en la tumba del cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis), hay un epitafio cuyo texto resume su controvertida y pragmática forma de actuar: Aquí yace un famoso cardenal que hizo más mal que bien: el bien que hizo, lo hizo mal; el mal que hizo, lo hizo bien. La persona que escribió el epitafio, tal vez fue de los afectados por sus políticas de Estado; una opinión distinta tendrá aquellos que se vieron beneficiados. A consecuencia de lo anterior, realizar un juicio moral sobre las acciones de cualquier persona son difusos pretextos para justificar privilegios y desigualdades.

El sabio y filósofo Bertrand Russell decía que los juicios morales no son falsos ni tampoco verdaderos, sino expresiones de nuestras emociones y deseos subjetivos, lo que significa que cada una de nuestras acciones, quienes las observan, dependiendo de sus estados de ánimo, es como las determinarán si son positivas o negativas. A ello Russell lo llamaba consecuencialismo, es decir, un acto es “correcto” si sus consecuencias esperadas promueven la felicidad y el bienestar general mejor que cualquier otra alternativa.

Quienes llegan a considerar a un actuar negativo, en realidad están expresando un sentimiento de desaprobación, que busca influir en la conducta de quien lo hizo, con tal de que su actuar vaya de acuerdo con sus intereses. Él proponía juzgar las acciones por sus resultados prácticos y su utilidad, no por el apego a reglas rígidas.

Entonces, mi apreciado y único lector, cuando alguien le critique o enjuicie sus acciones, recuérdele a ese individuo aquella antigua costumbre de los barberos, quienes enjuagaban ese vello grueso y largo que crece entre el mentón, mejillas, mandíbula y cuello de sus clientes con agua caliente para ablandarlo y así afeitarlo más fácilmente, y que quienes esperaban su turno sabían que las suyas serían las siguientes o como decía la abuela: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

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