jueves, 30 de julio de 2026

La tragicomedia del fucho.



Infantino, que ya se cree más emprendedor que Elon Musk en quincena, está planeando vender el Mundial a un fondo de inversión… ¡Liderado por él mismo! O sea, el tipo se va a vender el Mundial a sí mismo, se lo va a comprar, se lo va a financiar, y si lo descuidas, hasta se lo va a narrar en vivo. Todo a través de una filial que va a captar inversores para las próximas copas del Mundo. Vamos, que al paso que sigue, la próxima copa de fucho se va a jugar en una bolsa de valores.

Y claro, como el pasado campeonato mundial les salió “tan bien”, pues van por más. Tres sedes, que aquello parecía más tour que torneo: un partido en un país, otro en otro, y el otro en donde les dio la gana. Pausas de hidratación cada 22 minutos, que uno ya no sabía si estaba viendo futbol o un telemaratón de comerciales: las marcas vendiéndonos sus porquerías mientras los jugadores aprovechaban para checar el TikTok. Licencias de proyección pública y comercial, que en cristiano quiere decir: “Ni se te ocurra sacar la tele en el changarro, porque te cae el cobrador de derechos más rápido que el VAR”.

La gente sencilla, ordinaria y vulgar, como quien firma lo que escribe y como cualquiera que ve el futbol con tortilla en mano rellena de guacamole, nos conformábamos con los partidos de la televisión pública: 32 de 104. Los otros 72 estaban secuestrados en plataformas que uno ni sabe si son canales de deportes o de tienda de compras en línea. Y con esa repartidera, regresó con todo el monstruo de la xenofobia, el kraken de la violencia y la medusa de la gentrificación, ¿dónde están El Santo y Blue Demon? Eso sí, el abuso en la venta de productos mundialistas estuvo de campeonato: ¡ya ni la hacen! Una camiseta de la selección que antes la encontrabas en el tianguis a 250 pesos, ahora ahí mismo te la querían atorar en 800. El mismo diseño, la misma tela, el mismo sudor… lo único nuevo era el sablazo. ¡Óigale, a ver, acérquese, mire, compruebe de a doscientos cincuenta a ochocientos pesitos!

Y luego la Final, que aquello parecía más festival de música que partido de futbol. El país sede ignorado fue México, así, olímpicamente. En el espectáculo de medio tiempo —que era como un remedo de clausura, un remix raro entre Super Bowl y festival escolar— Canadá tuvo a Justin Bieber, Estados Unidos a Madonna, que ya daba la apariencia de ser la telonera de los BTS, y México… ¿A quién creen que le tocó? ¿A Juan Gabriel, que prometieron regresaría en Avengers: Doomsday? ¿Al Tri de Lora con El Chavo del 8 de invitado? No, hombre: ¡The Muppets!

Que de repente ves al estadio entero, luces, fuegos artificiales, y en medio del show… ¡La Rana René! Que sale con su chalequito, su micrófono, yo de pronto imaginé que cantaba el Cielito Lindo. René, hermano, ya eres mexicano: nomás te falta tu credencial con fotografía y que te regateen una gordita de chicharrón en el mercado.

https://orcid.org/0009-0008-1179-5327

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