miércoles, 22 de octubre de 2008

Cruzada contra la impuntualidad

Solía decir mi profesor de quinto grado de primaria que los relojes son como los burros nunca van al parejo, esta frase la expresaba con cierto desagrado cuando sorprendía a más de alguno preguntando por la hora; en cierto punto tenía razón, pero en lo que no se la doy es que a pesar de cada quien posee una pequeña diferencia en los minutos de su reloj, no se vale que esas diferencias las queramos hacer abismales justificando nuestros retrasos, olvidos de compromisos y falta de respeto hacia los demás gracias a los retardos injustificados que a veces cometemos.

A poco no es molesto esperar a que inicie la función de cine quince minutos después de la hora programada, y eso que a partir de que se oscurece la sala aún no empieza la película, sino que tenemos que empezar a ver los promociónales y estrenos próximos a exhibirse; igual de incómodo es tener que esperar a que los demás colegas docentes lleguen a la reunión de profesores y ésta tenga que iniciar hasta veinte minutos después de lo programado, y todavía peor el cinismo con que algunos van entrando justificándose con el pretexto de que no veían a nadie, por eso no ingresaban, óigame ¿Y los que estamos ahí acaso somos dibujos o invisibles? Además se escucha patética la disculpa que los directivos expresan para quedar bien con los que sí estuvieron a la hora exacta, “Por respeto a los puntuales vamos iniciar”, mientras uno por cumplir a tiempo con la cita, deja pendientes muchas actividades familiares o de índole personal.

Igual es un fastidio que a ciertos profesores que siempre llegaron treinta minutos tarde a cada sesión del curso o taller de capacitación, se le entregue una constancia con el mismo valor curricular que a los que fueron constantes y sobretodo cumplidos con el horario programado; esto me recuerda a mis alumnos que con frecuencia exigen sus diez minutos de tolerancia queriendo que se les deje entrar al aula sin falta ni retardo a pesar de haber llegado quince minutos después de la hora de inicio, y que decir del docente que arriba al recinto escolar veinte minutos después de su hora poniendo falta a diestra y siniestra a los estudiantes que aburridos de esperarlo se retiraron a otro sitio más productivo que el estar enmoheciéndose en el salón de clases, ¡Por favor que cinismo y falta de profesionalismo!

Que disgusto experimentamos cuando en el banco llegamos antes de que lo abran, según eso para ganarle unos cuantos minutos al tiempo, y el personal que labora en él están ahí encerrados algunos charlando disfrutando de su cafecito con galletas, otras dándose sus últimas pinceladas para verse más guapas que cualquiera de las clientas, mientras el reloj digital con sus numeritos rojos indica que ya se pasaron nueve minutos de la hora de apertura, mientras la clientela nos vamos multiplicando como el milagro de los panes y los peces dando origen a las prolongadas y cansadas filas; cuántos accidentes automovilísticos, infracciones de tránsito y mentadas de madre nos ahorraríamos si tan sólo saliéramos treinta o veinte minutos antes de nuestros hogares para llegar puntuales a la escuela, trabajo o negocio, en lugar de provocar ese nefasto tráfico producto de nuestra holgazanería.

Mi abuela siempre nos aconsejaba que no es puntual ni el que llega tarde, ni el que llega antes, el valor de la puntualidad radica en estar siempre a la hora exacta, pues esa actitud refleja muchas cosas, por ejemplo el grado de interés y respeto hacia las personas, la importancia del asunto a tratar en la cita, el nivel de compromiso social, etcétera; pero es una pena que en nuestro país la puntualidad nadie te la reconozca, es más si llegas siempre puntual pueden incluso tacharte de no tener una vida social o ser un sujeto que se angustia con facilidad.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Una muerte elegante

En la actualidad nacer sale más barato que morir, así como existen las clases sociales, así también hay paquetes de sepelios al igual que panteones para los que somos clasemedieros y para los nice, es decir, cementerios de primera con sus respectivos mausoleos y de segunda con nichos jodidísimos. A pesar de tales diferencias los precios por tener un velorio digno son exorbitantes.

Algunas instituciones a través de sus sindicatos realizan una encomiable labor al sustraer de la nomina de sus agremiados cierto porcentaje para crear un fondo que cubra los gastos funerarios del trabajador que lamentablemente perdió la vida y con ello solventar económicamente a sus familiares; lo que resulta deleznable es la actitud de aquellos sindicalizados que al ver “afectada” su quincena salarial, no sólo recuerdan la memoria del difunto sino también la de su santa madre que lo parió, ¿Acaso por no ver afectada su cartera quieren que todos seamos Highlander el inmortal?

Una tarde de septiembre los habitantes de algunas colonias de nuestra ciudad salimos de nuestras casas curiosos de saber cual era el motivo de tanto estruendo producto de varios claxon, la sorpresa fue en parte extrañados y en parte creyendo que se trataba de una broma macabra; resulta que por las calles y avenidas principales desfilaba un convoy de carrozas pertenecientes a una conocida compañía funeraria, como agradecimiento de la preferencia por sus servicio y a la vez promocionar sus nuevos modelos de coches fúnebres.

El impacto publicitario en mi barrio al parecer fue positivo, pues doña Jacinta le comentó a Juanita que con esos carrazos a quién no le dan ganas de morirse; y como no mi estimado lector imagine dar su último paseo en una “Hummer” 2008, siendo usted la admiración de la gente, por supuesto que para ese entonces uno no estará conciente de lo que sucede alrededor y eso que el cuerpo según estudios científicos tarde en morir completamente un promedio de ocho horas.

Esa misma semana tocó a mi puerta una guapa dama que promocionaba el clásico paquete “Pague ahora y muérase después”, la mujer con su falda muy corta pero de larga lengua, estuvo a punto de convencerme con su discurso de que uno nunca sabe cuando se va a morir. En cierto modo tiene razón pues la vida nadie la tiene comprada y costearse un funeral que podría ser casi semejante al de un presidente o algún sultán árabe, pues bien vale la pena invertir, además con eso de que la muerte llega cuando menos se le espera y te puede tocar en la peor crisis financiera familiar, así usted como herencia les ahorra el gasto pasando a ser un cadáver exquisito y refinado.

Al final de cuentas hubo algo que no me terminó por convencer, resulta que en la letra pequeñita del contrato se incluía una cláusula en donde se especificaba que si después de haber cubierto los gastos de la inversión funeraria el contratante del servicio aun no moría debía de pagar el importe del incremento inflacionario que cada año afectaría al precio original y de no hacerlo se perdían todos los derechos.

Haciendo una cara más idiota que como es común y con cierto acento de inocencia, agradecí las atenciones de la voluptuosa chica, no sin antes decirle que con ese bien cuidado cuerpo que ella tiene lo único que puede es resucitar muertos; con una sonrisa pícara en sus labios me dejó escrito su número de celular al reverso de la tarjeta de presentación de la empresa funeral que representa, diciendo que estaba a mis servicios para lo que se ofreciera, híjole, ante la sugestiva insinuación uno nada más suspira y recuerda el compromiso que tiene con su esposa para evitar así caer en tentaciones.

En su clásico cuento “Peter Pan”, James M. Barrie, redactó en la voz del Capitán Garfio que la muerte era la última aventura de la vida, bajo cierta apariencia honesta uno puede asegurar que se está preparado para morir, pero la verdad aún no tenemos ganas de que nos enaceiten con los santos óleos.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Pienso luego… envío

A últimas fechas durante mis ratos de ocio he estado bastante entretenido siguiendo la “E-mailnovela” sobre las dos adolescentes desaparecidas en cierto municipio limonero de nuestro estado, es asombroso cómo el apoyo solidario de usuarios del correo electrónico se unió a tan noble causa reenviando la misiva del angustiado tío; mi bandeja de entrada durante varios días fue saturada por estos mensajes, afortunadamente siete días después recibí otra decena de correos donde se notificaba que por fin ya habían sido encontradas estas chicas; lo único que queda es el desgraciado morbo por enterarme sobre cuál era su paradero, los motivos de su desaparición, es decir, si huyeron por iniciativa propia o tal vez alguien las presionó, además no descarto la posibilidad de que también se trate de un bromista que se divirtió como enano a cuesta de nuestro laudable espíritu solidario, espero alguien tenga otro mensaje en donde aclare estas incógnitas.

Cuántos correos hemos recibido con temas sobre esta índole y otros mas extenuantes, a veces los tomamos en consideración otras hacemos caso omiso y los borramos para evitar la proliferación de spam en nuestras computadoras, es cuando hacemos un balance y valoramos la credibilidad de su contenido; si hace esto lo felicito, pero si sólo lo reenvía y ni siquiera se preocupa en recapacitar sobre los efectos que podría acarrear a sus contactos el hecho de hacerles llegar información que probablemente proviene de una fuente no fidedigna, por favor no sea tan ingenuo o inconsciente de lo que está haciendo, pues puede incluso hasta con una simple “cadenita” generar cierta disonancia mental que podría convertirse en una clase de terrorismo mental para sus contactos.

Por otro lado ahora que la telefonía celular entre sus múltiples servicios cuenta con el de mensajes de texto, y que resulta más económico que el costo de una llamada, su utilidad se ha incrementado dando origen a una vía alterna de comunicación, en donde motivados por el ahorro de palabras para así poder enviar en un solo mensaje toda la información que se considera necesaria y evitar con ello el tener que volver enviar otro, ha sido la causante de que nuestro lenguaje escrito se deforme, además de referenciar en algunos casos datos inconexos que tergiversen el contenido real del escrito, convirtiendo el mensaje en un jeroglífico que ni Indiana Jones podría descifrar.

¿Qué quiero decir con esto? Antes de tener la capacidad de contar con mensajes escritos vía Internet o celular, la forma de comunicarnos era a través de la voz en persona, por teléfono e incluso hoy existe la videoconferencia así como una variada gama de Gadget que permiten el fluir de la información. A partir de la creación de estos medios se brinda un servicio en donde a través de una serie de mensajes, la persona puede generar una rápida comunicación, lo que se traduce a que es más factible que el sujeto al estar redactando sus ideas las puede ir clarificando e interpretando hasta el grado de utilizar eufemismos en donde podría existir insultos o pedanterías, con ello el circuito del habla tal vez logre una evolución positiva.

Con esta moderna forma de expresión podemos llegar a los lugares más recónditos del planeta –no del individuo, bueno eso dependerá del contenido del mensaje por supuesto-, esto quiere decir que cuando usted esté disgustado con alguien o quiera declarar su amor a esa persona pues aquí tiene estas valiosas herramientas, claro siempre y cuando cavile bien antes lo que va a expresar. Pero qué ocurre cuando uno de los emisores es impulsivo o está en sus minutos de desesperación puede suceder que se arrepienta segundos después de que reenvío un mail o mensaje de texto con cierto contenido incómodo, pero la realidad es que esa información ya salió de su equipo y, como se dice, ya no hay vuelta atrás.

Haga un análisis de cuantas broncas o líos se ha metido por estas acciones, y peor aun a cuántos ha involucrado en esos problemas por el simple hecho de enviar un mensaje o mandar un texto vía celular a un inocente receptor. Por supuesto va a decir que con la boca tenemos más tinta venenosa que con una computadora o celular, porque es más fácil pensar bien lo que se va a decir por escrito que lo expresado de forma verbal, les doy la razón, lo irracional es que hasta por este medio se cometan errores.

A poco no le ha sucedido gracias a la maldita ansiedad producto de nuestro stress darle enter a su teclado o send al teléfono enviando un contenido escrito que por alguna justificada razón no tenía por que haber sido remitido, y eso que tuvo la oportunidad de hacer modificaciones previas o incluso borrarlo para no afectar a nadie, pero con la rapidez que estos medios nos imprimen, no nos detenemos a reflexionar sobre la escritura, es más tal vez esto que he redactado a más de alguno le resulte una ofensa o falta de respeto -y no es uno de los medios centrales aquí citados-, por lo tanto le agradeceré mucho tanga a bien disculpar mi falta de tacto; y por favor gaste en una llamada cuando sienta el deseo de entablar comunicación con alguien, ¿Acaso esa persona no vale la pena la inversión?

miércoles, 1 de octubre de 2008

¿Por Piedad?

Hace algunos años cerca del ocaso del siglo veinte un reconocido periódico de circulación chilanga publicaba la lista de los diez empleos más rentables del siglo XXI, en ese listado figuraban el de bailarina desnudista, vendedor de software piratas, limpia parabrisas entre otros, el de mayor solvencia económica que se hacía hincapié fue el de pordiosero. Efectivamente a pesar de que se lea algo peyorativo esta nueva “profesión” tiene sus ventajas, por un lado está el hacer un lucro con la caridad de las personas y por otro abusar de la lástima que ocasiona el observar gente que vive supuestamente más jodida que uno.

Lo anterior trae a la memoria una vez en pleno centro de la ciudad al filo de las 14 horas esperando el milagro de poder abordar un taxi entre el tráfico kamikaze que en ese momento circulan, me vi en la necesidad de compartir el automóvil con una señora que recibe limosna afuera de catedral sentada en una silla de ruedas, el chofer compadecido por el aspecto de la mujer me dijo que si antes de llevarme, la dejáramos a ella, obviamente que como todo caballero accedí; cual no sería nuestra sorpresa que cuando la anciana descendió del coche y después de pagarle al conductor con moneda fraccionaria se introdujo a una casa que en realidad sin abusar de la humildad era el doble de mejor que la mía, muy bien cuidadas las áreas verdes, ostentosa y de acabado rústico.

La verdad que causa mucha conmoción el tratar este asunto ahora que existe una cuidadosa y extremada campaña por concientizar a la sociedad sobre los esfuerzos que hacen aquellos que tienen alguna discapacidad física; pero tampoco es válido que ciertos individuos utilicen la argucia de ser diferentes para obtener ciertos beneficios, los cuales a la larga bien pueden calificarse como una forma de chantaje.

¿A qué va todo esto? Resulta que una vez en mi papel de profesor impartí clases a un grupo en donde formaba parte un estudiante invidente; como era de esperarse todos mis colegas docentes le brindábamos un trato especial, como por ejemplo sentarlo en la primera fila para que tuviera una mejor audición, leerle y explicarle las tareas de manera personalizada, y, clásico, en periodos de exámenes se le dejaba al último para aplicárselo después de forma oral o en su caso leerle las preguntas para que nos fuera proporcionando las respuestas.

Como era de esperarse siempre hay algunos que con el pretexto de la sana convivencia grupal bromeaban sobre este asunto, y como ustedes saben entre broma y broma solía manifestarse la incomodidad ante tal proceder; argumentando que los resultados obtenidos por el joven era gracias a que mientras esperaba el momento de la aplicación escuchaba los comentarios que hacían los demás acerca del contenido del examen, con lo cual se daba una idea de las preguntas y por ende podría anticipar las respuestas.

Entre los comentarios a manera de burla que expresaban hubo uno que atrajo mi atención, la sugerencia de que cuando le aplicará la prueba le pidiera que se abstuviera de introducir sus manos en los bolsillos delanteros del pantalón, detalle que no había reparado, así que con el alfiler de la duda decidí prestar atención a tal observación y opté por indicarle que no ejecutara este ademán durante el tiempo que realizará el examen; mi sorpresa fue enorme al percatarme que el sujeto se negaba rotundamente a responder a cada pregunta, justificando que estaba muy nervioso y anteponiendo a favor que lo dejará introducir las manos en el pantalón, ya que esto le brindaba seguridad, además de que así siempre lo ha hecho y yo era el único que se lo evitaba.

Por supuesto que bajo tal pretexto me puse aun más estricto y no accedí ante ello, por lo que el estudiante no tuvo otra opción más que acatar la orden. Lo triste fue que una vez concluida la prueba al calificarlo sus resultados fueron reprobatorios; de forma inmediata hice del conocimiento al director lo acontecido y finalmente el estudiante terminó por aceptar que en todas las pruebas hacia trampa gracias a la ayuda de diversas tarjetitas con los contenidos de las asignaturas a evaluar escritas en braille, razón por la cual siempre obtenía excelentes resultados.

Es una pena que acciones como las anteriores demeriten nuestra razón altruista en relación a las personas que viven con alguna dificultad física, de igual forma no hay que olvidar que estas personas también son humanos ordinarios y de forma semejante a nosotros ellos a veces les gana la ambición motivada por el deseo de superación y de competitividad, razones por las cuales no escatiman el desaprovechar la ventaja que les otorga su situación.

De igual forma reconozco a aquellos individuos que a pesar de su problemática desarrollan un empleo digno como lo es el vender periódico, hacer manualidades o artesanías en empresas y talleres, en lugar de engañar o estafar a los demás.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

De Generación en degeneración

En el seno de una clásica familia disfuncional nació Crisóstomo, dicen que el primer trauma psicológico que el humano sufre es cuando el médico corta el cordón umbilical que nos une a nuestra madre, el segundo es el nombre que los responsables de nuestros días nos otorgan sin el consentimiento de uno -por supuesto que desembolsando una buena cantidad económica eso en la actualidad se puede corregir-, después vendrán los traumas que conforme vamos desarrollándonos nos van heredando como la religión que profesamos, la afición por cierto deporte con todo y equipo, así también el partido político de nuestra devoción.

Hijo de guardería como todo infante actual durante los primeros cinco años de vida era considerado por sus padres el ombligo del universo, todo o casi absolutamente todo lo que él quería se lo concedían; el problema vino cuando el método anticonceptivo falló dando origen a José Luis quien inmediatamente ocupó el sitio de honor de su hermano, destituyéndolo y haciéndolo pasar a un segundo término.

Ahora era el mayor por lo tanto entre sus responsabilidades estaba el cuidar de su hermanito predicando con el buen ejemplo, lo que significaba cometer los menos errores posibles. Como era de esperarse tal actitud repercutió en su formación académica pues toda la primaria y la secundaria apareció su nombre en el cuadro de horror, sus padres eran clientes de la dirección escolar por lo continuo que solían acudir a ella gracias a los méritos de su hijo.

Cuando egresó de secundaria mientras sus compañeros de generación se divertían consumiendo drogas de diseño en la fiesta de graduación, él se entretenía con los videojuegos del celular aislado de todo el barullo; al mismo tiempo sus padres cometían el peor ridículo de sus vidas reclamando al responsable de electrónica en una conocida tienda departamental la falta de cargador de energía eléctrica para el iPod que ese mismo día le regalarían a Pepe Luis en compensación por sus excelentes calificaciones obtenidas en la primaria, si allí hubiera estado Cris escondería su cabeza bajo la tierra como las avestruces de la vergüenza.

Algunas veces le entristecía ver como su mamá los domingos a fuerza de tesón con papá lo convencía de desayunar juntos en algún restaurante bajo el pretexto de que con ello se fomentaría la unión familiar, la verdad era que alrededor de la mesa el padre se la pasaba recibiendo múltiples llamadas telefónicas, Pepito padeciendo de autismo gracias a las melodías del iPod, la madre como simple locutora de radio haciendo soliloquios al grado de caer en monólogos extensos, y él se sacudía de toda culpa enviando mensajes de texto a los celulares de sus amigos, en conclusión lo único bueno de esas reuniones a veces eran los alimentos.

Debido al bajo aprovechamiento escolar Crisóstomo ingresó a la preparatoria en donde recibían a los que no querían permanecer sin formación escolar; el lugar se caracterizaba por albergar a la gente más rara e incluso algunos tachaban al plantel como la escuela de los perdedores, los profesores parecían ufólogos buscando siempre vida inteligente en cada generación que ingresaba. Cuando llegas a la preparatoria tienes que optar entre hacer de la escuela un suplicio o convertirla en el espacio propicio para la diversión; con la actitud de Cris no era de esperarse que eligiera la segunda opción, prueba de ello fue cuando navegando por Internet descubrió en el sitio de cierta discoteca gay a su profesor de matemáticas ataviado de uniforme nazi en brazos de un andrógino, horas más adelante la fotografía apareció de forma misteriosa en el periódico mural de la escuela haciendo público lo que años de discreción le había costado al incauto docente.

En cierta ocasión dentro de un evento organizado por una tienda comercial donde se convocaba a asistir a diversas escuelas con motivo del día del estudiante, había un concurso de comer rebanadas de pizza, estaban inscritos jóvenes de distintos planteles entre los que sobresalía un gordito de 120 kilos que representaba a la preparatoria que siempre quiso ingresar Cris pero que por sus resultados le fue negado el acceso, hasta el momento nadie lo derrotaba, todas las veces que era retado siempre marcaba la diferencia de una o dos rebanadas sobre su contrincante.

Animado por la guasa de sus camaradas Cris subió al montículo para retar al obeso estudiante, los abucheos del auditorio al darse cuenta de la escuela de procedencia del nuevo contendiente no se hicieron esperar. Empezaron empatando la primera ronda a seis rebanadas, en la segunda la justa llegó de nuevo a igualar sus marcadores a cuatro, para la tercera al llegar dos sobre tres a favor del corpulento, Cris haciendo un esfuerzo estomacal y recordando la escena del filme “Saturday Night Fever” -que junto a su padre le toco ver varias veces-, en donde Tony Manero juntaba dos rebanadas de pizza para comerlas, emulándolo así fue como logró engullir cuatro piezas dejando atrás al oponente. De pronto el lugar se llenó de aplausos y vitoreaban al nuevo campeón, por primera vez en su vida gracias a él, la preparatoria de los “freaky” y perdedores ganaba un reconocimiento social ante las demás.

Lleno de Orgullo regresó a su casa luciendo el trofeo, más al darse cuenta el motivo del reconocimiento su padre lo reprendió alegando que podría causarse daño gracias a esas estúpidas competencias, que se cuidara, que aprendiera a querer más a su persona, en fin un sermón que todavía le duele al recordarlo pues era lo que menos esperaba escuchar de su admirado antecesor.

Cinco años más adelante comprendió la preocupación de su progenitor cuando por un simple descuido embarazó a una chica que apenas conoció en la fiesta de bienvenida de la licenciatura; hoy trabaja más de ocho horas como repartidor de comida rápida para sostener a su obligada esposa y a su indeseado pero bien amado pequeño, y el temor que experimenta es que éste herede su carácter y que para contenerlo tenga que recurrir al método coercitivo que su papá utilizó con él.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Una mala salud de hierro

El mes de septiembre además de influir ese sentido nacionalista que las estrategias del marketing inculcan en el pensamiento de la masa, ¡Hágame usted el favor Hidalgo, Morelos y la Corregidora desayunando en el VIPS¡ Trae a mi memoria un ingrato recuerdo, corría el año 2006 en un mes como éste cuando aprovechando uno de esos agraciados puentes de descanso laboral que tan amablemente nos proporciona el calendario de la beatitud, decidí que era el momento idóneo para hacer un poco de ejercicio, en ese entonces tenía la difusa idea de que copular era equivalente a realizar ciertas rutinas gimnásticas; cabe aclarar que antes de esa fecha el ejercitarme no era una frase incluida en el diccionario de mi subsistencia, así que me puse zapatos ligeros y fui a caminar calles.

Eran aproximadamente las 11:30 de la mañana cuando en plena marcha a escasa media hora de iniciada la caminata empecé a sudar mucho, tanto que los lentes se empañaron, al hacer el intento de quitármelos para limpiarlos noté que el brazo izquierdo no respondía de forma normal a mis impulsos cerebrales, seguido de un adormecimiento casi total de la pierna izquierda, lo que hizo sentarme de forma estrepitosa sobre la banqueta y de pronto llegó una molestia fatiga que no permitía recuperarme por más que aspiraba.

Haciendo un esfuerzo me puse de pie y llegué a casa, tomé dinero de los ahorros que celosamente guardo bajo mi colchón, paré un taxi y fui a un hospital privado para ser atendido de inmediato, digo uno nunca sabe de qué humor vaya a estar el personal que labora en el IMSS. Al llegar a la sala de urgencias lo primero que hizo la enfermera fue tomarme lo signos vitales: presión, pulso, temperatura, frecuencia cardiaca y respiración.

La asistente alarmada corrió a buscar un médico, inmediatamente éste ordenó que me hospitalizaran; dijeron que para ello tenía que desnudarme y ponerme una bata, la cual como ustedes saben parece estar hecha con papel de china y lo más curioso es que debes de colocártela al revés de lo usual, cuanto pudor da que a cada rato tus partes nobles se ventilen y todos las vean, además en esos momentos uno no se encuentra en condiciones para presumir. Acto seguido el médico introdujo en mi boca el líquido contenido en una capsula, recuerdo su amargo sabor, y dijo “relájese –por supuesto, como el no se encuentra tocando las puertas del otro mundo-, lo vamos a dejar en observación”, irónicamente todos se fueron y me dejaron sólo en la habitación, ¿Cómo demonios me iban a observar si no había nadie quien lo hiciera? De manera oportuna arribo mi actual pareja y se solidarizo a mi causa haciéndome compañía.

Pasada la hora regresó lo enfermera volvió a tomarme la presión, y de nueva cuenta salió a toda prisa a buscar al galeno, éste regresó ahora para introducir en mi boca una pastilla que la colocó bajo la lengua con la advertencia de no masticarla ni pasármela, entonces vino a mi memoria las veces que he escuchado los consejos de tantos amigos y a los cuales siempre aplico la misma acción sin necesidad de receta médica.

Hora y media después hacia su arribo el cardiólogo, impecablemente vestido con ropas de la mejor calidad, obvio con el salario que percibe quien no se daría ese lujo, trayendo consigo el electrocardiograma, de pronto me vi lleno de cables y escuchando el tintineo del aparato, una vez impreso el resultado lo observó y dijo estar satisfecho pues no era tan grave como se lo había imaginado, con una sonrisa en los labios exclamó que se trataba de una cardiomiopatía hipertrófica leve –tan sólo de escuchar el nombrecito se crispan los nervios-, lo que se traduce de forma vulgar como el engrosamiento del músculo cardíaco, y una de las características principales es la hipertensión alta, pero de ahí en más mi corazón seguía latiendo y eso era positivo.

¡Órale con palabras tan optimistas no queda otra que dibujar una angustiosa sonrisita! Según explicó el doctor necesitaba estar en reposo absoluto las próximas 48 horas, y que posteriormente empezara una serie de ejercicios sin exagerar y conforme me fuera habituando aumentará el ritmo; ahora sí que se cumplía mi sueño de cuando cursaba la primaria, estar enfermo y con el permiso del médico faltar a clases, pero hoy no, en serio que no sentía satisfacción de tener incapacidad y menos por este tipo de justificación.

A partir de esa fecha consumo la misma cantidad de pastillas que Elvis Presley, con la única diferencia que las de él eran para aliviar un insomnio crónico y controlar el cáncer de los huesos; le dije adiós a la sabrosa comida que hace transparente las servilletas desechables, y de la sal, ni pensarlo, sólo en la imaginación; las carnes frías una vez a la semana y deben ser de pavo. El ejercicio es un hábito obligado, gracias al optimismo de mi cardiólogo, ya que cada vez que lo visito me dice que si no bajo más de peso y talla el día menos pensado voy a dejar de pensar.

Uno siente la vida precisamente cuando sabe que a cualquier momento la va a perder, motivo por el cual agradezco a la naturaleza y al creador el haberme dotado de un estado de salud como el mío que me hacer recordar que existo y aun comparto las cuentas del rosario de mis penas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La nueva Santa Inquisición

Diariamente nos enteramos de situaciones que no nos agradan e incluso llegamos a considerarlas injustas, somos mudos testigos de maltratos a personas, robos, inseguridad pública, extorsión, violación a los derechos humanos entre otros muchos males; como ustedes saben los medios de comunicación se encargan de ventilar todo, hasta que logran generar confusiones que dan como resultado juicios púdicos que bien podrían calificarse como una invocación al inconsciente moral de la colectividad. Al respecto la gente comienza a hacer una serie de reflexiones morales a priori sobre los diversos temas que se dejan a su sensatez, es precisamente al ejecutar tal actividad cuando la opinión pública se enturbia o ensucia debido al montón de prejuicios que le imprimen.

¿A qué va todo esto? Desde hace un considerable tiempo es común entre los usuarios del E-mail enviar una serie de mensajes conexos de manera que cada uno de sus contactos recibe la misma información y una vez leída se exige transmitirla a otro cúmulo de contactos; a través de estas cadenas además de incluir spam (información no deseada), se conjugan ideas moralistas de la peor calaña disfrazadas de denuncias, advertencias y oraciones celestiales.

Si además le agregamos el abuso malicioso que de tales mensajes electrónicos conciben ciertos individuos al hacer público algunas actividades que desde su perspectiva ética es impune, con la garantía que si lo hacen aprovechando las virtudes de la tecnología existe la plena seguridad de que están haciendo lo correcto, y para no entrar en controversia consigo mismos se valen de este medio que no les supone quedar mal ante la comunidad, al contrario los hace lucir pulcros y honestos a los ojos de sus contactos.

En últimas fechas he recibido correos electrónicos bastantes desafortunados de personas que creía conscientes en su proceder y de ecuánime pensar, pero resulta que no, a diario llenan mi bandeja con mensajes de este tipo, y lo más sorprendente es que ahora la tendencia es hacerlos sobre asuntos de índole regional, o sea, exponen a la luz de la sociedad los sucesos de mayor trascendencia en el Estado o País, haciéndonos cómplices de un cruel juego en donde causar daño al prójimo es lo menos importante siempre y cuando se logre cosechar una reputación en apariencia responsable y comprometida con su entorno.

Los casos presentados ya sean en texto o mediante una presentación en powerpoint versan sobre asuntos como el del tipo que con su videocámara grababa la estancia en el baño de sus compañeras de escuela en la quietud del local comercial de su padre, y que posteriormente subía a la red, por cierto a pesar de dar varios tags en YouTube no he podido visualizar ninguna de las producciones de este osado sujeto; es común también advertir sobre los riesgos de sufrir un accidente automovilístico incluyendo en el correo fotografías al más puro estilo cine Gore, en donde se despierta el morbo del usuario gracias al arte de observar cuerpos mutilados, brazos, piernas y cabezas cercenados, carros convertidos en chatarra bañados en sangre y vísceras, después de ver esto considero menos inofensivo la lectura de la revista Alarma! que el contenido de tales correos.

!Qué me dicen del mail en donde se acusa a un individuo de estafar a seis personas de diversas dependencias universitarias¡ Aquí lo ridículo no es el fraude y menos aún el charlatán, sino el modus operandi del supuesto delincuente, pues al solicitar dinero para su simulado apoyo económico, las víctimas le hicieron firmar cheques gracias a los cuales pudo ser identificado, ¿Cómo es posible que las autoridades facultadas para emitir cheques lo hagan así de sencillo como quien regala dulces? Honestamente sólo un ignorante del funcionamiento de procesos administrativos sería tan ingenuo de reenviar el mensaje, además tal información resulta más inofensiva que la contenida en las revistas TV y Novelas o TvNotas.

La tecnología nos puede ahorrar tiempo al igual que nos puede meter en problemas, pues el usuario no se detiene ni siquiera para pensar a quienes va a perjudicar con mandar ese tipo de mensajes. Por eso lo recomendable es el más absoluto respeto por el derecho a comunicar, y por el legítimo ejercicio que de él pueden y deben hacer las personas, sin embargo la parte que incómoda de todo esto es la autoridad que nos otorga el poder reenviar ese tipo de correos en donde en lugar de prevenir pone en evidencia el sin fin de prejuicios que poseemos, fomentando el morbo. ¿Qué sucedería si en esa situación que se exhibe a través del citado medio atañera a un familiar o a nosotros mismos? Ahora sí nos indignaríamos, pues se estarían hiriendo nuestros sentimientos, incluso pensaríamos en demandar a todas esa bola de energúmenos que le ha dado por circular el mensaje.

El correo electrónico lo reconozco como un medio de comunicación que agiliza el traslado de información entre personas, también reconozco que en cierto momentos sus usuarios abusan del poder al contar con un espacio en donde difundir datos de todo tipo; pero entretenerse con el dolor ajeno a cuestas de parecer un sujeto íntegro desde la perspectiva ética, de manera decente tal comportamiento es una desfachatez, es como ocultarse en la moral para manipular; me atrevo a asegurar que esta gente son de esas que se asustan o impresionan con tan sólo observar a lesbianas y travestis en Internet, son de las que hablan mucho de Dios y de religiosidad, más en sus actos prevalece un odio impío que por supuesto es el reflejo de sus acciones.

Así que por favor ya no me sigan enviando cadenitas, pues al fin de cuentas ni las leo ni me interesa, además las falsedades son más peligrosas cuando se empiezan a aproximar a la autenticidad de la masa y resulta más imbécil quien las interpreta como verdades absolutas.