Y después de los cursos, cuando dices: “¡Ya está, mis clases ahora son Cátedra Magíster, es tiempo de sofá, Netflix y palomitas!”, ¡zas! Te cae encima planear los cursos… ¡No uno, eh! ¡Varios! Y no tú solo, no, ¡de forma colegiada! Ponerse de acuerdo con 20 profes es como subir al último piso de la Torre de Babel… ¡Pero con el ascensor descompuesto y todos gritando en lenguas muertas! “¡No, el contenido programático así no va!”, “¡No, transversal!”, “¡IA sí, IA no!”. ¡Caos total! Es como cuando de niño jugabas al teléfono descompuesto y los últimos de la fila en recibir el mensaje lo tergiversaban completamente.
Y al final, ¿qué tienes en casa? Pos una torre de papel de tanto borrador, montañas de folios… Sin que Mahoma, vaya a ellas. Porque los profes, ¡seguimos siendo analógicos! ¡Papelitos everywhere! ¿Digital? ¡Eso es para los jóvenes, que nosotros con el bolígrafo y el corrector, como Dios manda! ¡Santa Cachucha, ser profe del siglo XXI es una aventura… EXTREMA!

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