jueves, 29 de enero de 2026

Profes del siglo XXI.


¡Oye, ejercer la docencia es una acción… EXTREMA! ¿Eh? ¡Extrema, como saltar en paracaídas sin paracaídas! Porque, mira, cuando los jóvenes están de vacaciones, tú piensas: “¡Por fin, playa, cervecita!”, ¿no? ¡Pues no! Te mandan a cursos para que te quiten lo testarudo… ¡Lo testarudo! A que aprendas a no tenerle miedo a la IA, que ya nos tiene acomplejados… Y lo peor, ¡lo peor de lo peor!, a perder el pánico de que tus alumnos te rebasen manejándola. ¡Imagínate! Tú, que con el celular solo llamas a tu madre, y mientras el chamaco de 15 años te clona el alma con ChatGPT, y tú: ¡Perdón, joven! ¡Qué terror!

Y después de los cursos, cuando dices: “¡Ya está, mis clases ahora son Cátedra Magíster, es tiempo de sofá, Netflix y palomitas!”, ¡zas! Te cae encima planear los cursos… ¡No uno, eh! ¡Varios! Y no tú solo, no, ¡de forma colegiada! Ponerse de acuerdo con 20 profes es como subir al último piso de la Torre de Babel… ¡Pero con el ascensor descompuesto y todos gritando en lenguas muertas! “¡No, el contenido programático así no va!”, “¡No, transversal!”, “¡IA sí, IA no!”. ¡Caos total! Es como cuando de niño jugabas al teléfono descompuesto y los últimos de la fila en recibir el mensaje lo tergiversaban completamente.

Y al final, ¿qué tienes en casa? Pos una torre de papel de tanto borrador, montañas de folios… Sin que Mahoma, vaya a ellas. Porque los profes, ¡seguimos siendo analógicos! ¡Papelitos everywhere! ¿Digital? ¡Eso es para los jóvenes, que nosotros con el bolígrafo y el corrector, como Dios manda! ¡Santa Cachucha, ser profe del siglo XXI es una aventura… EXTREMA!

jueves, 22 de enero de 2026

Lentes detrás de los ojos.



¿Han visto a Charly García, el rey del rock argentino, con esos lentes que no se pone en los ojos como Dios manda, sino que se los mete debajo, como si fueran a tapar las ojeras de una cruda eterna? ¡Santa Cachucha, aquí estoy de nuevo escribiendo textos que a nadie le importan, y se lo voy a soltar sin filtro, que en este periódico no hay censura ni tonterías! Esa imagen icónica sale disparada de “Cinema Verité”, de Serú Girán, uno de los grupos a los que perteneció este genio de la música en 1981, donde dice “Anteojos negros de carey… No ve y yo puedo observar tranquilo”, ¡y no me salgan con que es poesía fina, que es puro desconsuelo, como si el tipo se hubiera bebido la tristeza entera y los cristales se le resbalasen por la cara de tanto llorar!

Imagínense los lentes no por fuera como cualquier ordinario individuo, que protege la mirada del mundo cruel, ¡no! Detrás de los ojos, colgando como bolsas de supermercado llenas de dramas, simbolizando esa vulnerabilidad que te deja desnudo de emociones. Es el aislamiento total, el observador pasivo que mira el dolor propio o ajeno desde un rincón oscuro, con la noche bajando el telón como si Dios dijera “¡Se acabó el show, hipócritas!”. Ojeras profundas, mirada derrotada, el peso de la vida deslizando todo hacia abajo… ¡Es Charly diciéndonos “estoy jodido, pero con estilo”!

Ahora visualiza a la abuela después de ver las noticias, con el Mundo en crisis. Toma sus gafas de leer y las desliza detrás de los ojos, como si el peso de la tristeza las hubiera empujado. Vive sola, tiene 5 días sin recibir ninguna visita, solo el pinche celular que suena una vez al día, para escuchar que le preguntan cómo está e inmediatamente cuelgan. Representa al observador pasivo, aislado en su sillón, viendo el dolor ajeno sin poder hacer nada y menos el de ella, con el telón de la noche bajando lento. ¡Qué imagen, eh, pa’ ponerte a reflexionar con un café!

Piensen en una persona que se divorcia, ¿listos? Llega a casa, se quita los lentes de sol de la cabeza y ¡zas!, se los coloca detrás de los ojos para esconder las lágrimas que no paran. No tapa la mirada, ¡la expone! Está frente al televisor sin encender; prefiere ver la programación de sus recuerdos, como Charly en su caos personal; es el desconsuelo puro. “Mira mis ojeras, Mundo, que me has dado hasta nadar en el fango del orgullo, de recordarme que no aprendí a ser tolerante y aquí estoy, vulnerable como un chamaco perdido en la noche solitaria”.

O el pobre sujeto que odia su chamba, llega al bar a las 3 de la mañana, con los lentes de pasta resbalando detrás de los ojos rojizos e hinchados de insomnio; lleva 3 días saliendo a esa hora con tal de sacar los pendientes; su esposa ha estado molesta, pues han pasado dos fines de semana sin salir. Utiliza lentes oscuros no para evitar ser encandilado, ¡es para ocultar el vacío! Representa ese aislamiento del que observa su propia situación sin poder hacer nada, con la noche cerrándose como una cortina negra sobre sueños rotos; es desconsuelo puro. “Mira mi cartera vacía, mi familia en el olvido, que la vida me ha dado un low cost emocional y aquí estoy, solo con mi noche cerrada”… Deseando que no amanezca nunca. ¡Charly lo hizo, el cabrón!

Al final, amigos, esos lentes detrás de los ojos son el grito mudo de la derrota emocional: no esconden nada, lo muestran todo crudo y sin maquillaje. Charly nos pinta la vulnerabilidad del solitario que ya no ilusiona, solo sobrevive en su propio cinematógrafo vérité de inmundicia. ¡Y si no lo captas, vuelve a leerlo con un mezcal en la mano, que igual se te resbalan tus lentes algo por detrás de los ojos!

jueves, 15 de enero de 2026

¡Feliz año, aunque sea en septiembre!


¡Qué tal, estamos en 2026, empezando el año nuevo con más prisa que un caracol practicando taichí! Los gimnasios ya se han hecho del dineral con esa tropa de héroes que paga la cuota, va un ratito el día 2, posa para la foto en el espejo… ¡Y zas! ¡Ya se creen el Terminator fitness! “¡Soy totalmente fitness, gueeee!”, otros gritan: ¡Mira, ya tengo abdominales de acero!, mientras se comen la pizza con refresco light en el sofá del gym.

Los nacimientos y luces navideñas, ay, pobres, regresan a sus cajones polvorientos, y los más trajinados, directos a la bolsa de la basura. Como esa corona de flor de Nochebuena que era un fuego rojo y ahora parece un bizcocho quemado, toda sepia y descolorida, ¡vaya drama, parece que ha pasado por la lavadora en ciclo intensivo!

Por cierto, yo lo vengo diciendo desde siempre: el “¡feliz año!” no es exclusivo de la medianoche, ¡es cada vez que te cruzas por primera vez con un conocido en este 2026! Así sea en septiembre, continuemos repartiendo buena vibra, sin prisas ni hipocresías.

¡Por el amor de Dios, dejen ya de suplicarle al 2026 que los sorprenda! ¿No tuvimos bastante con esa alarma sísmica del 2 de enero, que nos dejó bailando salsa de nervios sin música? ¡Si el año nuevo ya nos ha dado un meneo de bienvenida, ahora a trabajar con tal de que no nos sorprenda la cuesta de enero!

En tan pocos días, este año nos ha enseñado que la vida es como un gimnasio: pagas, sudas un poco unas cuantas horas y esperas milagros… pero si no vuelves, acabas como la flor de Nochebuena sepia, olvidada en la basura. ¡Así que ponte abusado, no le pidas sorpresas al calendario, y si timbra la alarma sísmica otra vez, espabílate en vez de asustarte! ¿Quién dijo que los años nuevos no venían con ritmo?