jueves, 30 de octubre de 2025

Cuando los difuntos nos hacen ser mejores.

 


Estamos a unas cuantas fechas para que llegue el Día de Muertos y parece que todo el Mundo se pone de acuerdo para llenar los campos santos. ¡Una marea de vivos con más flores que un jardín botánico! La gente lleva cempasúchil que parece que va a tapar hasta el epitafio, comida para alimentar a un regimiento, coronas que, si las pusieran una al lado de la otra, harían una pasarela… Y la música no falta, desde mariachis, norteños hasta ese cuate que lleva la bocina a todo lo que da. Es una fiesta que seguro a los muertos les gusta, pero a los vivos… les cuesta un titipuchal, pero no le aunque, eso complace y mucho.

Porque, seamos sinceros, en vida a esos a quienes recordamos con tanta devoción, no siempre les dimos ni la mitad de lo que les damos ese día. Les costaba que les hablaras o que les dedicaras un momento, y ahora, de repente, compras la ofrenda más cara, haces tamales, pollo en mole, enchiladas y hasta invitas a toda la familia para que se acuerden juntos. ¿Será que el Día de Muertos es la excusa perfecta para salir de la rutina y ser un poco mejores? Pues igual y sí.

Al final lo que importa es que, aunque haya que hipotecar el orgullo, nos juntamos y recordamos. Nos sentamos a platicarles a los que ya no están, brindamos por ellos y, sobre todo, agradecemos que, aunque se hayan ido, siguen siendo el motivo de tanta bulla y cariño. Así que, viva el Día de Muertos, que a veces los vivos somos mejores cuando pensamos en los que no están.

jueves, 23 de octubre de 2025

YouTube me lo enseñó, profe o la pedagogía del clic.


El otro día sucedió una cosa que me hizo abrir los ojos, te lo juro: llega un chamaco que llevaba 2 días sin dar señales al salón, la lista vacía de participaciones y aportes de la clase en donde iba su nombre. Pero cuando aparece, su compañero le suelta el torito: ¿Traes justificante o qué? Y el joven, todo ufano, le dice: Sí, claro que sí, wey. El otro replica con sarcasmo: ¡Cómo vas a hacerle para recuperar las clases que te perdiste! Y el muchacho responde con toda la paz del mundo: ¿Perder? ¡No, cómo crees! Me puse a ver tutoriales en YouTube y vídeos sobre lo que ustedes se chutaron en las aburridas clases. Ahí fue cuando mi cerebro desamueblado empezó a sacudir los engranes y pensar: ¿Será que, con tanta información en la web, quienes ejercemos la docencia ya no vamos a ser útiles?

Pues te digo que no, eso es pensar así porque sí y luego la realidad es otra. Los tutoriales en YouTube son la neta para echar una mano, pero no son un profesor, ni de lejos. Por ejemplo, un vídeo no les resuelve sus dudas, ni les hace ver los errores que tienen; menos aún, se da cuenta cuando no comprenden. Ni se adapta a cómo ellos puedan mejorar su aprendizaje, ni brinda más tiempo o una explicación más completa, para reafirmar la información.

Y que conste que los tutoriales no les motivan a seguir, ni les dicen: ¡Ey, que así no! Eso solo lo hace un docente que los está viendo en directo y que tiene la paciencia justa para sacarlos adelante. Otra cosa es la calidad de lo que hay en YouTube; como ustedes saben, cualquiera con un celular puede subir un tutorial y no siempre está bien explicado ni es fiable esa información. En cambio, el profesorado está más puestos que un calcetín, cuentan con formación profesional y dejan el contenido bien afianzado y en orden.

Además, muchos tutoriales son de esos que solo les cuentan la puntita del iceberg, no les meten en profundidad ni les ayudan a conectar ideas como hace un buen docente. Y ojo, que ver vídeos es cómodo, sí, pero eso a veces los convierte en un espectador pasivo. Enseñar de verdad es permanecer de pie a un costado del pintarrón, mancharse los dedos con el plumón, caminar entre los pupitres, mientras el estudiantado se les entume el coxis, preguntar, develar teorías y resolver dudas, y para eso los profesores somos bien rifados.

Así que la cosa no es que los tutoriales o la tecnología sean el enemigo, sino más bien la ayuda que todos necesitamos. Lo ideal es combinar la libertad de que, si nuestros alumnos tienen la habilidad autodidacta de aprender a su ritmo con vídeos, y la experiencia, el apoyo y el sentido de responsabilidad del profesor para que no se pierdan en el camino. Eso sí que es una combinación ganadora.

jueves, 16 de octubre de 2025

Impartiendo clases en el siglo equivocado.


Como profe, llevo muuuuchas anécdotas, y una que me mata de risa: cuando no hay listas oficiales y tú, de buen corazón, les dices que se anoten en una hoja blanca provisional. Hasta ahí todo bien, ¿no? Pues nooo. Llega el día de tomar lista y yo digo: “Zoila Vaca del Campo”, y se empiezan a reír todos como si hubiera dicho algo de otro planeta, pero, ¿saben qué es lo más lamentable? Que en cada grupo nuevo me sucede. Esa es la vida en la docencia, un sarcasmo constante.

Pero lo que me dejó con la boca más cuadrada que una caja fue enterarme de que el 90% de mis alumnos creen que estamos en el siglo XX, ¡en lugar del XXI! Que, para ellos, el siglo XIX fue el anterior porque era “novecientos” y este es dos mil, pues es “veinte”… Vamos, que el calendario les parece confuso.

Así que ahí me puse, con toda la entereza del mundo, y les expliqué que el siglo veinte abarcó de 1901 a 2000 porque no existe el año cero y el primer siglo comenzó en el año 1 d.C. Siguiendo esta lógica, el siglo I comprendió los años 1 a 100, el siglo II de 101 a 200 y, por lo tanto, el siglo XX comenzó en 1901 y terminó el 31 de diciembre de 2000. El período de 1900 a 1999 es comúnmente asociado con el siglo XX, pero técnicamente este se completó con el año 2000. 

Otra bronca heavy del tiempo fue con el calendario gregoriano que empezó en 1582, resulta que a solicitud del Papa Gregorio XIII, y con el pretexto de arreglar los líos del calendario juliano. ¿Líos? Pues que la Pascua no cuadraba con las estaciones del año, y eso era un problema gordo. Para componerlo, eliminaron 10 días, del 5 al 15 de octubre. Imagínate acostarte un 4 de octubre y despertar que ya es 15, ¡qué locura! Y de ahí también salieron las reglas de los años bisiestos, para que no se les descuadre el año con el sol…

Para terminar la clase, les dejé de tarea que analizaran qué sucedió con la hora que cada Horario de Verano nos quitaba, ¿captan? Ser profe no es solo hablar por hablar ni proyectar diapositivas en PowerPoint saturadas de tediosa información, ¡es explicar esos desórdenes que ni Google entiende! Aunque siga nombrando en las listas provisionales a Zoila Vaca del Campo.

jueves, 9 de octubre de 2025

¿Quedó claro?…

Dicen que la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos, si eres profe, seguro que ahora mismo te viene a la cabeza ese joven de acné mental que lleva más auriculares que orejas y va por el pasillo de la escuela con la patineta como si fuera el rey del Mundo, o esa chica que no puede soltar el celular ni en clase, aunque le estén contando la historia del universo, digo, pa´que se aburre escuchando cosas tan antiguas, si las Stories y Reels de Instagram son la puritita verdad.

Pero, ¿te has parado a pensar en esa frasecita que sueltas al acabar la clase? “¿Quedó claro?” Y te dicen que sí, pero… ¿qué calidad de “sí” es esa? Eso es lo que deberíamos preguntarnos, puede que te den tal respuesta debido a que ya están hartos de que los que hablamos seamos nosotros los profes, además, en la mayoría de las clases se trata de imponer ideas que rompen la emoción del conocimiento y, no es justo decir que es dialogo a hablar hasta que te den la razón.

Si con suerte uno de esos jóvenes aprendiera, aunque sea un grano de alpiste de lo que pretendemos enseñar, no habría examen que les hiciera sombra. Pero no, nos gusta creernos bien chingones y pensar que ese “si” o el silencio sepulcral después de lanzar la pregunta es porque hacemos una auténtica MasterClass de la asignatura que impartimos, cuando en verdad le estamos dando scroll a la realidad de la educación en la que estamos inmersos y como nuestros estudiantes seguimos pensando en la hora del receso o en la camioneta rojo rubí que vamos a comprar con el aguinaldo.

jueves, 2 de octubre de 2025

Adiós a la costumbre epistolar.



En el calendario de la beatitud, cada vez se crean fechas conmemorativas, como esas de las profesiones, por ejemplo, el “Día del Pedagogo”, que se celebra cada 26 de junio, ¡perdónalos Comenio, porque no saben lo que hacen! También existen otras fechas que uno ya ni las recuerda por la falta de uso de la profesión, ahí tenemos el 12 de noviembre, que mi abuelita a vísperas de ese día, siempre esperaba que pasara el cartero para regalarle una mano de plátanos, y ahora ya casi ni los vemos, es que, en la actualidad, son pocos los que escriben cartas.

Mira, las cartas en nuestra época eran el WhatsApp artesanal, ¿sabes? Te sentabas tranquilo, bolígrafo chingón, hoja de papel impoluta, así como unas cuantas musas inspiradoras, con estos elementos le dedicabas un rato bueno a escribirle a alguien, porque eso era crear un vínculo de verdad, no un mensaje rápido que se va por ahí. Como decía Julio Iglesias en aquella canción, a veces llegaban cartas llenas de alegría, otras de melancolía, tristeza y hasta de esperanza, que nos daban la calma. Y nuestro ghosting… Sí carnalito, en mi época también existía, consistía en no contestar la carta, ¡no escribas tonterías! Efectivamente, eso era el bloqueo total.

Los emojis, ni eso, eran dibujitos que hacíamos con cariño, como si fuésemos monjes copistas adornando la letra, todo un arte. Y en diciembre, la alegría era recibir esas tarjetas navideñas que traían relieve, brillantina por todas partes y nieve seca que se caía nada más tocarla. Cuando viajabas por el país, era obligatorio comprar las postales con paisajes de ensueño, para enseñarle al abuelo lo bonito que es el mundo.

Y ahora, qué pena, lo hemos cambiado todo por esos textos fríos, que a veces ni son originales, porque lo único que haces es reenviar la idea de otro… ¡Bla, bla, bla! ¿Dónde quedó el cariño, el tiempo y el arte de escribir? Eso es lo que echo yo de menos, de verdad.