jueves, 27 de noviembre de 2025

El aula en repetición.


Hace un montón de años teníamos profesores que eran como el vinilo: cada año sacaban el mismo disco. O sea, repetían las mismas bromas, los mismos chistes malos sobre los temas de la clase, y si preguntabas a los que ya iban en grados más avanzados, te lo describían todo con pelos y señales, hasta te recitaban los chascarrillos, las guasas y las cacofonías. Vamos, que las libretas de algunos docentes eran casi reliquias arqueológicas: páginas amarillas, portada rugosa… parecía que andaban leyendo las notas que tomaron ellos cuando eran estudiantes.

Con todo el avance tecnológico que nos prometían, uno pensaba que las escuelas iban a dar un giro brutal. Que por fin la educación tendría un lavado de cara bien moderno, entre mil y una reformas, capacitaciones y actualizaciones. Pero no, cada ciclo escolar es como ver la película de “Mi Pobre Angelito” en las navidades: vuelven los mismos proyectos transversales de siempre, las mismas ferias de ciencias y las exposiciones que ya has visto una vez en cada ciclo escolar, y lo único que cambia… son los estudiantes.

¿No les pasa que parece que estamos en un remake eterno donde solo se rescatan los actores? Lo peor es que la tecnología a la que tanto le tienen fe, no ha servido para nada más que para que las y los docentes pongan videos que ni ellos mismos entienden y manden tareas a través de las plataformas que nadie revisa. Es decir, que, si la educación fuera una serie de televisión, la cancelaban por baja audiencia y luego la revivirían 20 años después para hacer una versión «retro» que nadie pidió.

Y ahí estamos todos, orgullosos de tener pizarrones digitales y proyectores, cuando en realidad seguimos usando los mismos métodos del siglo pasado, pero con mejor tecnología para aburrirnos más rápido. Es como cambiarle el maquillaje a un cuadro viejo y seguir esperando que la Mona Lisa te sonría de verdad. Híjole, hemos hecho de la educación un eterno déjà vu, un “repítelo conmigo” que ni Netflix se atreve a poner en streaming. Pero oye, eso sí, cada año un desfile nuevo de estudiantes listos para protagonizar la misma obra de teatro.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Navidad Godín: revolución en pausa.


En las oficinas ya están los adornos navideños colgando como si el tiempo se hubiera dado un salto mortal hacia diciembre. El arbolito luce tan feliz con sus foquitos multicolores y esferas que da la impresión de que no ha leído el calendario. Porque todavía estamos en noviembre. Pero claro, nadie le dijo que la Revolución Mexicana no es solo un pretexto para pedir el día libre. Y más, si te mueven la fecha de asueto a un lunes con tal de contar con un “puente etílico”.

Los cerebros Godín acomodan sus neuronas con tal de alistarse para el gran drama del intercambio de regalos: “El Amigo Secreto”, ese juego donde todos ponen golosinas baratas que nadie quiere y luego se quejan de que les tocó el regalo más chafa a comparación de lo que algunos dieron.

Hay un preludio auditivo donde ya suena El karaoke con las rancheras de Vicente Fernández o las baladas melcochonas de Camilo Sesto, para que los gorgoritos más desafinados inunden el lugar y la posada parezca una competencia de “quién aguanta más berridos”.

Hay que recorrer el cinturón 2 o 3 agujeros hacia atrás para que quepa la cena, y luego afinar la garganta para buscar en el fondo del vaso la última gota de brandy, como si el éxito de la noche dependiera de eso.

Pero, espera… ¿Nadie ha notado que apenas es 20 de noviembre? Ah, sí, claro, nuestros héroes revolucionarios, esos que murieron por la patria, están más olvidados que el regalo del “Amigo Secreto” que nadie quiere abrir.


jueves, 13 de noviembre de 2025

Gramática con Flow: Del ansina al sipi.



En México tenemos un español que ya es como una mezcla de la abuela con Netflix, o sea, uno antiguo, pero con influencias extranjeras que lo han vuelto bien coloquial, casi como un taco muy cargado, con todo y salsa de uña. Antonio de Nebrija, que fue como el primer profe del español, publicó en 1492 su famosa Gramática de la lengua castellana, donde definió lo que era el español antiguo. Este hombre fue el que dijo: “Bueno, nuestro idioma tiene usos bien formales y usos más del barrio, como cuando hablas con la vecina.” Ahí empezaron a quedar un poco en el rincón palabras que ahora nos suenan a ancianito diciendo cosas raras: ansina, mesmo, juera, ta’gueno, o puesn, que hoy casi nadie usa sin que te miren como fenómeno.

Antes que él, Alfonso X el Sabio, que era como el jefe supremo del castellano en el siglo XIII, ya estaba poniendo las bases para que el español fuera la lengua oficial, como cuando en la oficina todos acuerdan hablar en un mismo idioma para evitar líos. Y luego, en 1611, Sebastián de Covarrubias, que fue el primero en hacer un diccionario general solo en español, puso en papel todo lo que se escuchaba y se decía, avisándonos de lo que estaba “de moda” en aquel entonces.

Pero hoy, con las redes y los chats, la cosa ha cambiado. La palabra escrita está siendo devorada por imágenes —sí, los emojis son como el nuevo alfabeto universal— y las abreviaturas como “15cena” (cena de los 15, jajaja… no es cierto) o “Gfe” (gracias, fea, que no es feo, es cariño, tampoco se crean esto) se volvieron el pan nuestro de cada día. La coma, esa veterana amiga que pausaba nuestras frases, ahora la sustituimos con un “wey” bien puesto, como diciendo “espera, que esto es importante”. Y ni hablemos de las palabras que se inventan en el camino: holi, obvi, cool, sipi, nop, que parecen el menú de un bar de la juventud moderna.

Así que nuestro español, el mismo que de los códices mutó a los stickers, ese que empezó con Nebrija y sus reglas, sigue vivo, pero con un toque de “traigo la fiesta adentro”, mezclando historia con memes y con la calle, siempre listo para sorprendernos.

jueves, 6 de noviembre de 2025

La feria sobre ruedas.


En estos tiempos tan austeros, uno busca cómo economizar, estirar la quincena hasta que llegue la otra, y ese día que dirigía mis pasos humildemente a cumplir con la labor de “probresor”, pensé: una vuelta por cualquiera de las rutas de autotransporte de nuestra ciudad, es un crucero de lujo, además, en ellas uno experimenta más emociones que cualquier atracción mecánica de la feria, pero sin torcedura de cuello, sin raspones ni tener que comprar esas tarjetas precargadas o cupones de crédito. Imagínate: vas sentado, relajado, disfrutando de la comodidad del servicio de primera clase de nuestros camiones urbanos, esos que cuentan con sauna, aromaterapia y masaje; bueno, eso último me lo inventé, pero cuando se llena el camión, existen muchos “gandallas” que hacen de las suyas.

Si tienes chilpayates a cuestas y la feria te queda cara, no te compliques. Súbelos al camión y vivirán su dosis de emociones intensas. En cuanto el chófer enfurece el acelerador en su intento de llegar a tiempo al checador, es como estar en el juego llamado Nitro, ir a 100 kilómetros por hora, te crispa la piel; sobrevives a las curvas en gravedad cero y, si van junto a la ventana, la sensación es de volar en las sillas voladoras del Ice Jet, ¡eso es adrenalina pura!

Cuando el camión frena, ese chillido que lanza es puro rock and roll, como si estuvieras en el Tagada Shaker It. Si intentas pararte, la inercia te manda de regreso al asiento, mientras que los que van parados, ahora si se recorren hasta atrás; y no, la persona que está firme no es la Monja, es solo alguien que quiere bajarse pronto.

En resumen, dales a tus chamacos un pase VIP en cualquiera de nuestras rutas de autotransporte, pues tendrás diversión asegurada por solo doce pesitos y sin filas ni boletos. ¿Quién dijo que el transporte público no puede ser la feria sobre ruedas?